"Solo quiero caminar y seguir descubriendo",entrevista con: Fernanda Nájera, licenciada en estudios de Jazz,compositora y educadora musical.
- Beatriz Velazquez

- May 28
- 7 min read

Fernanda Nájera es una talentosa flautista y educadora de 26 años, licenciada en Estudios de Jazz por la Universidad Veracruzana en Xalapa. Originaria de Monterrey, su vida ha estado marcada por constantes mudanzas que moldearon su sensibilidad artística, encontrando en la flauta transversal su verdadera voz y un refugio meditativo para transformar las crisis en composiciones. Con una profunda vocación humana, ha extendido su amor por el arte hacia la enseñanza con infancias, convencida de que la música es una herramienta indispensable para tejer redes comunitarias, sanar y despertar la empatía social.
En esta entrevista, Fernanda nos cuenta cómo descubrió su pasión por la flauta tras un emotivo concierto escolar, los retos y aprendizajes de vivir de forma foránea en Xalapa en plena pandemia, y cómo su trabajo pedagógico con los niños la reconecta diariamente con su propia esencia. Además, nos comparte sus reflexiones sobre el panorama actual para las mujeres en el arte, sus miedos sobre la estabilidad y su deseo de consolidar un movimiento musical con un firme sentido de colectividad.
Para comenzar, ¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con la música?
Vengo de una familia donde la música siempre estuvo presente, aunque no desde un ámbito profesional académico. Por eso, para mí fue importante abrir ese camino desde los estudios formales; recuerdo con cariño a mi papá tocando Bossa Nova o salsa en su teclado y poniéndome a cantar con él. Formalmente, inicié a los cuatro o cinco años gracias a una excelente pianista y amiga de mi mamá. Ella nunca había enseñado a niños tan pequeños y le pidió permiso a mi madre para experimentar conmigo; un hermoso azar que terminó definiendo por completo el rumbo de mi vida entera.
¿En qué momento exacto supiste que la flauta transversal sería el canal definitivo para expresarte?
Ocurrió entre los 12 y 13 años, poco después de mudarme a Cuernavaca e integrarme al coro del centro cultural “La Vecindad". En una ocasión fuimos a cantar al Palacio Nacional por el Día de la Bandera y ahí escuché a la orquesta interpretar el Danzón No. 2 de Arturo Márquez. El solo de flauta y piccolo me impactó de una manera tan profunda que investigué todo sobre el instrumento; en Navidad mis papás me regalaron mi primera flauta y decidí tomar clases sin importar que el maestro tuviera fama de ser sumamente estricto.
Frente a la típica presión social y escolar, ¿Cómo lidiaste con los estigmas de elegir el arte como un estilo de vida?
Mi familia siempre lo supo y me apoyó porque desde muy pequeña declaré con firmeza que sería músico. Sin embargo, en la secundaria y preparatoria la gente siempre me cuestionaba si estudiaría una "carrera de verdad", sugiriendo alternativas. Existía una preocupación constante en el entorno sobre que en el mundo artístico no había dinero, pero lejos de desanimarme, esos mismos prejuicios me impulsaron a demostrar con orgullo que sí se puede vivir dignamente de la música.
¿Qué experimentas internamente a nivel mental y emocional en el instante en que interpretas tu instrumento?
Para mí, tocar se ha transformado en un estado completamente meditativo, un espacio de concentración absoluta donde dejas de lado las demandas externas y enfocas tu mente en una sola cosa. Siento que la flauta transversal se ha convertido en mi propia voz. Siento que los instrumentos terminan eligiéndonos a nosotros por el parecido que guardamos con ellos, consolidándose como mi vía de expresión más sincera y honesta.
¿Qué le dirías a la Fernanda de cuatro años?
Yo le diría que, pues, lo que hizo, seguir sus sueños. Yo creo que más bien que confíe en ella misma, que no deje que todo lo demás, la noble, que no deje que lo demás dañe su corazón. El mundo sí puede ser muy difícil, pero uno tiene que estar fuerte con sus pensamientos, con sus ideas y con lo que siente,
¿Tienes algún ritual antes de tocar o algún espacio para relajarte?
Considero indispensable edificar un "santuario" o lugar seguro para estudiar, ya que la música genera momentos de alta exigencia donde la frustración puede aparecer si algo no sale a la primera. Mi ritual consiste en prepararme un buen café o té, poner algo de música para ambientar y comenzar a calentar los músculos de forma progresiva. Arranco mi rutina técnica con notas largas, arpegios, escalas y ejercicios de articulación antes de sumergirme de lleno en las complejidades del repertorio de trabajo.
Tú travesía académica te llevó a Xalapa en un contexto global sumamente atípico, ¿Cómo fue tomar la decisión de mudarte sola a Veracruz en plena pandemia?
Fue un proceso extrañamente repentino en 2021; la pandemia provocó el colapso de todo mi trabajo en Cuernavaca y, buscando explorar nuevas fronteras expresivas, decidí aplicar a una convocatoria de Jazz en Facebook sin sentirme del todo capaz. Para mi sorpresa, obtuve el cuarto lugar; tras cursar el primer semestre en línea desde casa, me avisaron de una semana a otra que debía presentarme allá. Aunque el viaje lo inicié con un profundo sentimiento de miedo y angustia, Xalapa me arropó de inmediato por ser un sitio sumamente cálido para la comunidad estudiantil joven.

En ese transitar, ¿Quiénes fueron los mentores que reconfiguraron por completo tu manera de hacer música?
En Cuernavaca, mi maestro cubano Daryl Antón me devolvió la confianza al elogiar mi pasión, mientras que el trompetista Omar Peralta me enseñó a ver la música como un refugio místico y una luz de esperanza en momentos de oscuridad. Posteriormente en Xalapa, el maestro Aldemar Valentín desmitificó el ego del artista y me mostró la música como una poderosa herramienta de conexión humana y transformación social. Fue él quien me animó de manera decisiva a confiar en mi propia perspectiva y a dar mis primeros pasos formales dentro de la composición.
Hablemos de tu faceta creativa, ¿Qué detona tus procesos de composición y de qué manera traduces tus vivencias en piezas musicales?
Mis composiciones más honestas y viscerales nacen estrictamente de mis crisis emocionales; cuando intento forzar una pieza desde un enfoque puramente técnico o teórico, suelo terminar descartando la idea. Como soy una persona sumamente sensible, la frustración por los conflictos del mundo me desborda, y la música se convierte en el canal idóneo para liberarlo y llorarlo. Siempre compongo sentada al piano, estructurando las obras desde la línea del bajo, siguiendo con la armonía y construyendo la melodía al final, optando usualmente por formatos instrumentales.
A nivel social y colectivo, ¿Cuáles son las principales problemáticas que te fracturan y que buscas visibilizar activamente?
Creo que hay tres problemáticas principales. La primera es la situación de las mujeres; me frustra bastante notar que hay muchísimas mujeres sumamente talentosas, pero su verdadero valor musical se pasa de largo para priorizar y enfocarse más en su aspecto físico. El segundo es el mundo capitalista, en el cual veo que existen demasiados gastos destinados a cosas que, en lo personal, no considero tan valiosas ni necesarias. Mientras tanto, el arte es algo que a todo el mundo le gusta y lo quiere, pero no le encuentran un valor real ni saben para qué existe en general, tratándolo erróneamente como un lujo o algo secundario. Por último, el tercer punto son los niños y las infancias, y la importancia de tener empatía por ellos. La niñez es un punto fundamental de nuestras vidas, pero casi todos cargamos con traumas y cosas que nos marcaron porque en su momento nadie nos cuidó ni nos prestó la atención que requeríamos. Es algo en lo que pienso mucho; deberíamos cuidar más a las infancias, no desde la sobreprotección, sino guiándolas y dándoles todo el cariño que verdaderamente necesitan.
Si te sientes cómoda, ¿Podrías hablarme sobre algún momento que te haya marcado en tu infancia?
Durante mi infancia viví en la frontera y recuerdo que el tema del color de piel estaba sumamente marcado entre los niños, quienes solían ser muy crueles al respecto. Al ser yo la más morena de mi familia, solía recibir comentarios constantes que me hacían sentir frustrada y con la falsa percepción de que mi identidad tenía menos valor. Mi abuelita me devolvió la esperanza al recordarme con dulzura que yo compartía el color de la Virgencita de Guadalupe; esa vivencia me enseñó a amar mi piel, pero también sembró en mí un profundo rechazo hacia cualquier forma de discriminación.
Tu labor docente con niños comenzó muy joven, ¿de qué manera el trabajo con las infancias ha transformado tu propia perspectiva artística?
Inicié a los 18 años impartiendo clases intensivas de flauta a niños de escasos recursos en Xochitepec, y recientemente asumí el reto de trabajar en un preescolar en Cuernavaca, lo que me obligó a investigar metodologías dinámicas basadas enteramente en el juego. Ver el entusiasmo puro de los niños y notar cómo la música se convierte para ellos en un bálsamo de empatía y trabajo en equipo me enriquece enormemente. Dar estas clases me conecta de vuelta de forma directa con mi propia infancia, recordándome la pureza originaria de cuando me enamoré del piano a los cuatro años. Ahorita estoy haciendo un musical de “mentiritas" con otros niños, pero un poquito más grandes, pero casi todos sean 8, 9, 10 años. Y justo ayer fuí a la Ciudad de México a dar otro taller, pero para hacer timbiriche, y esto es con niños de prepa. Entonces, pues sí, he tenido que pasar por todas las etapas del crecimiento, pero pues me han enseñado mucho.
La inestabilidad económica y la informalidad laboral son fantasmas recurrentes en el gremio, ¿Cómo logras blindarte emocionalmente ante estos miedos?
La incertidumbre financiera a largo plazo y las trabas cotidianas,como la dificultad para comprobar ingresos estables al intentar rentar un espacio, representan miedos muy reales dentro de la música independiente. Sin embargo, he aprendido a disipar ese temor reconociendo que me está yendo bastante bien gracias a los años de entrega absoluta que le he brindado a mi profesión. Hace poco compartía la analogía de un árbol cargado de frutos: soy consciente de que no estoy parada sobre una estructura frágil o una varita delgada, sino sobre un tronco fuerte que he edificado con paciencia y fortaleza.
Más allá de los escenarios tradicionales, ¿Cuáles son los sueños que anhelas materializar a través de tus proyectos actuales?
Actualmente mi prioridad es reactivar y consolidar mi proyecto musical con composiciones de autoría personal, pero con un enfoque profundamente transformado. Ya no deseo que mi música gire únicamente en torno a mis vivencias individuales; aspiro a trascenderla hacia un impacto netamente social. Mi gran sueño es edificar y sostener redes comunitarias sólidas de mujeres compositoras, brindándoles plataformas de visibilidad y propiciando un espacio seguro de contención donde podamos alzar la voz colectivamente.
Para cerrar esta semblanza, si tuvieras que elegir una composición musical que abandere el ritmo de tu vida en este preciso momento, ¿Cuál sería?
Que inspiradora historia la de Fer