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“Si vas a hacer algo, hazlo bien”, entrevista con: Rodrigo Vidal Martínez, arpista, docente e ingeniero

  • Writer: Alyson Mora
    Alyson Mora
  • 6 days ago
  • 9 min read

Rodrigo Vidal Martínez es un arpista y docente originario de Xalapa, Veracruz. Desde joven encontró en el arpa jarocha su gran pasión, lo que lo llevó a desarrollar una sólida trayectoria musical. Actualmente forma parte de Tlen Huicani, una de las agrupaciones más representativas de la música tradicional veracruzana, y combina su labor como intérprete con la enseñanza musical, promoviendo el aprendizaje y la difusión de la música folclórica.


En esta entrevista, Rodrigo Vidal Martínez comparte los recuerdos de su infancia relacionados con la música, cómo nació su interés por el arpa jarocha y cuáles fueron sus primeras experiencias con el instrumento. También habla sobre las presentaciones que han marcado su trayectoria, los retos que ha enfrentado como músico, el significado de integrarse a Tlen Huicani y su experiencia en el dúo Resonare. Además, reflexiona sobre su vocación como docente, sus metas profesionales y los consejos que ofrece a los jóvenes interesados en dedicarse a la música.

 

¿Qué recuerdos tienes de tu infancia relacionados con la música?


Mi mamá siempre impulsó mi interés por las artes, por lo que desde los cuatro o cinco años ingresé a una escuela de iniciación musical en Xalapa. Después estudié percusión y flauta transversa en el Centro de Iniciación Musical Infantil de la Universidad Veracruzana. Sin embargo, a los 13 años perdí el interés por la música debido a lo riguroso que era el sistema académico y me alejé de ella por un tiempo. Fue hasta los 17 años, cuando conocí el arpa, que me enamoré del instrumento y retomé mi camino musical.


¿Cómo comenzaste a instruirte en el arpa?


Comencé a aprender arpa con un maestro particular, quien lamentablemente ya falleció y fue mi primer acercamiento al arpa jarocha. Posteriormente ingresé a estudiar Ingeniería en la Universidad Veracruzana y, mientras cursaba la carrera, continué preparándome musicalmente mediante talleres externos, algunos de ellos impartidos en el Jardín de las Esculturas. Más adelante, alrededor del cuarto semestre, participé en el programa de Tutorías para la Apreciación Artísticas, impartido por un exintegrante de la Universidad Veracruzana y por el doctor Alberto de la Rosa, fundador y director del grupo “Tlen Huicani”.


¿Cómo fueron tus primeras experiencias aprendiendo un instrumento tan representativo de la cultura veracruzana?


Al principio fue un poco difícil porque yo era algo perezoso para estudiar el instrumento y mi primer maestro no era muy pedagógico. Además, éramos muchos estudiantes y las clases eran muy breves. Hubo un momento en que me desmotivé porque me dejaban un ejercicio para toda la semana y me aburría. Sin embargo, después de un gran regaño me puse las pilas y empecé a tomar el arpa muy en serio. Desde entonces desarrollé una gran química con el instrumento; estudiar y aprender canciones nuevas se volvió muy placentero, al grado de dedicarle hasta ocho o nueve horas diarias. Fuera de ese periodo de desmotivación, la experiencia ha sido muy emocionante y bonita.


¿Hubo alguna presentación que marcó un antes y un después en tu carrera?


Pienso que uno de los conciertos más importantes para mí fue la primera vez que fui a Colombia a tocar en un festival nacional. Yo todavía era estudiante y bastante principiante, pero recuerdo la sensación de ver a miles de personas aplaudiendo y pidiendo otra canción. Fue ahí cuando comprendí la importancia y la magia que tiene la música de nuestro estado, y entendí que quería dedicarme a esto toda la vida. Otro concierto muy especial fue el primero que hice como integrante del grupo “Tlen Huicani”, ya que formar parte de ese grupo había sido mi mayor sueño desde los 19 años. Lo recuerdo con mucho cariño porque sentí que todos los años de trabajo habían valido la pena y que había alcanzado una de mis metas más importantes.


¿Cuál fue el mayor reto que enfrentaste al comenzar a presentarte profesionalmente?


Pienso que, como tal, no hubo grandes retos externos porque desde que empecé a tocar siempre hubo festivales, presentaciones y espacios donde participar. De hecho, comencé a dedicarme al arpa de manera fortuita, ya que la arpista del grupo de mi papá se lastimó y necesitaban a alguien que lo sustituyera. Más que obstáculos profesionales, el reto fue personal: la inseguridad de ser un músico nuevo en un ambiente lleno de grandes exponentes. Escuchar a tantos arpistas talentosos me hacía dudar de mí mismo, pero con el tiempo fui superando esa inseguridad y ganando confianza.


¿Qué significó para ti integrarte a “Tlen Huicani”, una agrupación con gran trayectoria dentro de la música tradicional mexicana?


Entrar a Tlen Huicani era un sueño muy grande que tenía y que, de cierta manera, veía como algo casi imposible. Recuerdo que a los 19 años me senté a pensar qué necesitaba para lograrlo: no tenía contactos, nadie me conocía y pensaba que debía convertirme en uno de los mejores arpistas para que algún día me tomaran en cuenta. A partir de entonces me dediqué a estudiar intensamente durante casi nueve años, escuchando a otros arpistas, comprando música y dedicando gran parte de mi tiempo a practicar y buscar espacios donde tocar. Cuando el doctor Alberto de la Rosa me aceptó como estudiante, sentí que estaba un paso más cerca de esa meta. Finalmente, cuando recibí la noticia de que sería contratado por la institución, fue una gran emoción porque vi culminado todo el esfuerzo de esos años. Para mí, ha sido uno de los logros más importantes de mi vida, porque fue algo que me costó mucho trabajo alcanzar.


¿Qué enseñanzas has obtenido de trabajar con músicos de amplia experiencia?


Creo que lo que más me ha dejado convivir con todos ellos es encontrarme con maestros súper humildes. He tenido la oportunidad de convivir con algunos de los mejores arpistas del mundo y me sorprende que, a pesar de ser figuras e íconos del arpa, te reciban con tanta sencillez, te compartan consejos, te enseñen algo nuevo o incluso te regalen una canción. Más allá de todos los conocimientos musicales e interpretativos que he aprendido de ellos, lo que más me ha impactado es ver la humildad con la que viven y se conducen. En un medio donde muchas veces existen los egos, encontrarme con personas así ha sido muy valioso. Eso me ha hecho pensar que, sin importar hasta dónde llegue como intérprete, si algún día me convierto en el ídolo de alguien, me gustaría que esa persona pudiera verme con la misma cercanía y admiración con la que yo he conocido a mis maestros.

 


También estoy enterada de que formas parte del dúo "Resonare" junto con la maestra Beatriz Hernández Romero, ¿Cuál ha sido tu experiencia en el conjunto?


Ha sido una experiencia muy interesante porque, aunque cada vez se difumina más la línea entre la música clásica y la música tradicional o folclórica, todavía existe cierto distanciamiento entre ambas. Trabajar con Beatriz ha sido enriquecedor porque hemos podido conjuntar esas dos vertientes, que en realidad son ramas de un mismo árbol. Mientras ella me muestra una visión más estructurada y apoyada en la partitura, yo le comparto una forma más libre de entender la música, basada en la tradición oral y la interpretación. Encontrar ese punto de encuentro ha sido muy divertido y enriquecedor para ambos. Además, somos muy buenos amigos, y hacer música con personas que aprecias siempre vuelve la experiencia mucho más especial.


¿Qué es lo que buscan transmitirle al público a través de sus presentaciones? 


Nunca lo hemos platicado como tal, pero pienso que ambos coincidimos en que lo primero que queremos transmitir a la gente es que nos gusta lo que hacemos. Para mí, lo más importante es disfrutar lo que estoy tocando en el escenario y que ese disfrute también llegue a las personas que nos escuchan. Al mismo tiempo, buscamos ofrecer la mayor calidad posible en nuestra interpretación, por respeto al público que se toma el tiempo de asistir a nuestros conciertos. La idea es encontrar un equilibrio entre disfrutar la música y hacerla de la mejor manera posible. Además, buscamos que convivan ambos estilos: la parte clásica que aporta Beatriz y la parte folclórica y tradicional que aporto yo, sin que una resalte más que la otra, sino que se encuentren y hagan música juntas.


¿Qué te motivó a convertirte en maestro de arpa jarocha?


Cuando ingresé a la Licenciatura en Educación Musical, me encontré con la maestra Arisbe Martínez Cabrera, y fue ella quien me hizo comprender de qué se trataba realmente la educación musical. Desde la primera clase me impresionó la forma en que nos hacía vivir la música y transmitir los conocimientos. También me marcó mucho la reflexión de otro maestro, quien nos dijo que la responsabilidad de un educador musical es tan grande que puede hacer que un estudiante ame la música o la odie para toda la vida. Eso hizo mucho sentido para mí, porque yo mismo había pasado por ambas experiencias. Fue entonces cuando decidí que quería dedicarme a enseñar, no necesariamente para formar artistas, sino para que mis alumnos recordaran la música como algo hermoso, significativo y que pudiera acompañarlos a lo largo de su vida.


¿Cuáles son los retos más comunes que enfrentas al momento de compartir tus conocimientos?


Creo que, mientras más aprendes sobre pedagogía y educación musical, te das cuenta de que tu mayor reto y crítico eres tú mismo. Constantemente estás evaluando lo que haces, pensando qué podrías mejorar o qué podrías haber hecho de otra manera. Incluso he reflexionado sobre muchas prácticas dentro de la enseñanza de la música folclórica, porque a veces pensamos que es un espacio más libre, pero también puede llegar a ser muy rígido. Por eso, para mí, el desafío más grande ha sido encontrar la forma de transmitir mis conocimientos de manera significativa, logrando que mis estudiantes sean críticos, conscientes y capaces de construir sus propias ideas. No quiero que repitan lo que yo pienso o se conviertan en una copia de mí, sino que hagan suyo el conocimiento. Además, intento mantenerme en constante actualización, porque en la educación nunca existe una verdad absoluta y siempre hay nuevas perspectivas que te hacen replantear tu labor como docente.


¿Cómo percibes el interés de las nuevas generaciones por la música tradicional veracruzana?


Creo que hoy en día estamos viviendo un momento muy importante para el arpa y la música folclórica. En Xalapa, por ejemplo, hay muchos niños interesados en aprender a tocar el arpa y también muchos artistas dedicados a la enseñanza, lo que demuestra que existe un gran interés por esta tradición. Sin embargo, también noto una dualidad: mientras cada vez hay más estudiantes aprendiendo, el público que asiste a conciertos suele ser muy similar y no siempre se renueva. Aun así, considero que estamos en una buena etapa, una especie de transición, y que en los próximos años podría haber un crecimiento importante en el interés de las personas por este tipo de música y por los proyectos que actualmente se están desarrollando.


¿Qué metas profesionales te gustaría alcanzar en los próximos años?


Me gustaría cursar un doctorado y continuar desarrollando investigaciones relacionadas con la enseñanza del arpa y la música folclórica. También me interesa impartir cursos de capacitación para docentes y músicos, porque considero que quienes trabajamos en la formación de estudiantes debemos hacerlo con responsabilidad y profesionalismo. Siempre les digo a mis alumnos que no es lo mismo dar clases que realmente enseñar, y creo que esa es una reflexión muy importante dentro de la educación musical. Además, me gustaría escribir artículos y algunos libros sobre estos temas, ya que existe muy poca bibliografía especializada sobre la enseñanza del arpa. Muchas veces, cuando realizas investigaciones en este campo, te das cuenta de que la información es limitada. Por eso, uno de mis objetivos es contribuir con nuevas investigaciones, reflexiones y materiales que puedan ser útiles para futuras generaciones de estudiantes, docentes e intérpretes.


¿Te gustaría integrarte a otra agrupación en el futuro?


Realmente no. Si alguien me dijera que puedo quedarme toda la vida en Tlen Huicani, lo haría sin pensarlo. Para mí es el mejor grupo de música folclórica con arpa que existe, por su trayectoria, su impacto y todo lo que ha aportado a la música jarocha. Además, le tengo un enorme cariño y admiración al doctor Alberto de la Rosa, a quien considero una de las personas más importantes en mi formación. Me gustaría seguir construyendo mi propio camino dentro de la agrupación y aportar mi trabajo como parte de su historia. Aunque participo en otros proyectos musicales y actualmente también trabajo en mi carrera como solista, siempre me identifico como integrante de Tlen Huicani. La filosofía del grupo me representa mucho y creo que ha ayudado a posicionar la música jarocha en el lugar que merece. Por eso, mientras la vida me lo permita, me gustaría permanecer ahí y seguir formando parte de este proyecto.


¿Qué consejo le darías a los jóvenes que desean dedicarse profesionalmente a la música?


A los jóvenes interesados en la música les recomendaría prepararse constantemente y ser disciplinados, porque la competencia es cada vez mayor y, si quieren sobresalir, deben comprometerse con su formación. También les aconsejaría no tener miedo de tomar el camino más difícil y buscar especializarse en aquello que realmente les apasiona. Sobre todo, les diría que hagan las cosas por amor a la música, pero sin dejar de construir una trayectoria sólida. Hoy en día ya no basta con tocar bien un instrumento; también es importante formarse, adquirir conocimientos y construir un currículum que respalde su trabajo profesional.

 
 
 

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