"Si no pierdes el miedo a caer, no puedes lograr disfrutar lo hermoso que es estar arriba",entrevista con: Amy Gabriela, licenciada en comunicación,nómada digital e instructora de yoga
- Beatriz Velazquez

- Jun 12
- 7 min read

Amy Gabriela es una joven comunicóloga de 26 años, especializada en marketing digital, publicidad y fotografía. Originaria de Morelos, ha construido una carrera dinámica que combina el mundo corporativo con la libertad del trabajo remoto. Como freelancer, actualmente diseña estrategias digitales para una marca internacional con sede en Dubái, mientras equilibra su vida profesional con sus grandes pasiones: el surf, los viajes y el yoga, disciplina en la que también está certificada como maestra. Su trayectoria es un claro ejemplo de adaptación y búsqueda de bienestar personal.
En esta entrevista Amy nos cuenta cómo logró transformar la decepción de no conseguir un trabajo corporativo tradicional en la oportunidad perfecta para rediseñar su vida laboral. A través de su experiencia, exploraremos los retos de independizarse, la realidad de trabajar a distancia en otros países, sus viajes transformadores por México e Indonesia, y cómo aprendió a soltar sus miedos para alcanzar un balance entre su libertad personal y su desarrollo profesional en la estrategia digital.
¿Nos podrías comenzar hablando un poquito de ti y a qué te dedicas actualmente? ¡Claro! Yo soy Amy, tengo 26 años y estudié la licenciatura en comunicación, soy comunicóloga con una especialidad en marketing digital y publicidad, y también estudié fotografía digital. A lo largo de mi carrera me he dedicado a diferentes áreas en la comunicación, como influencer marketing, relaciones públicas y creación de contenido. Actualmente, ya no trabajo en una oficina presencial, soy freelance y me dedico a hacer estrategias digitales para diferentes marcas; por ejemplo, ahorita llevo la estrategia de una marca en Dubái llamada Bailey & Jools. Además, en mis tiempos libres doy clases de yoga de forma ocasional, ya que tomé un entrenamiento para certificarme como maestra, algo que apenas estoy empezando a implementar.
Veo que llevas un estilo de vida muy calmado, ¿desde hace cuánto practicas el surf? Realmente no tiene mucho tiempo, empecé a hacer surf hace apenas un año, que fue cuando lo descubrí durante un viaje que hice. Ahora, intento que cada vez que estoy de vacaciones o cerca de la playa, pueda practicarlo mucho más. Es algo que trato de incorporar en mi vida cuando viajo, buscando ese balance entre mis pasatiempos, la naturaleza y mi trabajo.
¿Cómo fue tu infancia y de dónde surge tu gusto por la fotografía?
Crecí en Morelos, primero me criaron en Jiutepec y luego nos mudamos a Cuernavaca, donde vivía rodeada de muchos vecinos y amigas con quienes jugar. Fue una infancia bastante tranquila, aunque nos mudábamos mucho de casa hasta encontrar un lugar donde nos sintiéramos cómodas. Desde niña me empezó a gustar mucho la naturaleza y la fotografía; me encantaba subirme a los árboles para tomarles fotos a los pájaros, a mis amigas o a mi sobrina que estaba chiquita, porque siempre sentí que era una forma muy linda de recordar los momentos especiales con las personas que quería.
¿Siempre supiste que querías estudiar comunicación o tuviste alguna dificultad para elegir?
No siempre lo supe, al principio quería ser bailarina, pero como no se me daba, consideré la fotografía, aunque me daba miedo elegir algo tan cerrado porque no estaba segura. Cuando decidí estudiar comunicación, mis papás se opusieron rotundamente; me decían que me iba a morir de hambre y querían que estudiara derecho o finanzas para asegurar mi futuro económico. Estuve a punto de ceder, pero gracias a una sesión con una psicóloga que me ayudó a agarrar el valor, le dije a mi familia que iba a estudiar lo que yo quería, les gustara o no, y aunque al principio fue duro, cuando obtuve mi primer trabajo serio se sorprendieron y sintieron un gran alivio.
¿Cómo pasaste del mundo corporativo a independizarte como freelance?
Durante la universidad trabajaba en la Ciudad de México para L'Oreal y sentía que era mi trabajo soñado, pero al graduarme me dijeron que ya no había vacantes de tiempo completo en ninguna área. Fue un momento muy decepcionante porque sentí que había fracasado después de tanto esfuerzo, pero decidí usarlo como un empujón para cuestionarme si realmente quería esa vida de oficina en una ciudad que no me gustaba. Yo soñaba con trabajar en línea, vivir cerca de mi familia, hacer yoga en las mañanas y tener libertad, así que me lancé a buscar opciones remotas; me di cuenta de que necesitaba mi propio espacio y poco a poco logré independizarme para construir el estilo de vida que deseaba.
¿Cómo fue tu primera experiencia trabajando en línea para una empresa extranjera?
Mi primer empleo formal en línea fue para una aplicación de psicología de Turquía que quería abrir mercado en México. Fue un reto enorme porque me lanzaron de golpe al mundo laboral remoto e internacional; el equipo estaba en otro país, todo era en inglés y la dinámica era muy flexible, propia de una startup. Yo venía del mundo corporativo donde siempre hay un líder detrás de ti, y de pronto me dieron muchísima libertad laboral, sin un horario fijo, por lo que tuve que aprender por mi cuenta a negociar con influencers, manejar contratos y hasta investigar temas de impuestos.
¿Tienes algún sueño que persigas actualmente?
La verdad es que mi mayor sueño ahora mismo es poder llegar a un punto donde encuentre un verdadero balance en mi vida entre el trabajo, los viajes y una rutina tranquila. A veces es muy difícil equilibrar la carga laboral mientras estás viajando y, al mismo tiempo, dedicarle tiempo de calidad a tu familia y seres queridos. Últimamente me encuentro en etapas donde o estoy muy ocupada trabajando, o estoy viajando y disfrutando, por lo que me encantaría llegar a un momento en el que pueda hacer todo lo que me gusta sin llegar a saturarme.

¿Qué podrías contarnos sobre tu experiencia viajando por Indonesia?
Ese ha sido mi viaje más largo, duró casi cinco meses, y dudé muchísimo en hacerlo porque acababa de terminar un contrato de un año con una agencia y me fui con la incertidumbre de no saber cómo conseguir empleo estando allá. Aún así me lancé y me di unos meses para descansar y despejar mi mente; la experiencia fue transformadora gracias a la cultura tan linda y enfocada en lo espiritual que tienen. Allá profundicé en el yoga, estudié mi certificación, me sentí muy apoyada por la comunidad y, en un campamento de surf, conocí a María, la dueña de la marca de Dubái para la que trabajo hoy, lo que me comprobó que lanzarme con todo y miedo valió la pena.
¿Qué te ha enseñado la práctica del yoga a nivel personal?
El yoga es mi lugar seguro sin importar en qué parte del mundo esté, y lo más valioso que me ha enseñado es que, si no pierdes el miedo a caer, no puedes lograr disfrutar de lo hermoso que es estar arriba. Al principio me daba mucho pánico hacer posturas complejas por miedo a lastimarme, y eso lo relaciono directamente con mi vida personal; he aprendido que te tienes que aventar, y aunque te caigas y te duela, si no te atreves nunca aprenderás a levantarte, ni estarás disfrutando de los increíbles resultados de tu trabajo.
¿Qué crees que la gente suele asumir sobre tu trabajo y que no es cierto?
Siento que en la industria hay muchos prejuicios; la gente suele creer que no es posible vivir bien sustentándote como freelancer, o que es un trabajo informal que usas de lado mientras consigues algo "serio". También asumen que, como me ven viajando, estoy todo el tiempo surfeando o haciendo yoga y que nunca trabajo, porque en redes sociales solo se comparte la parte bonita. La realidad es que es un trabajo súper formal que te puede dar un gran estilo de vida, pero que también implica quedarme en casa trabajando jornadas completas de 9 a 6, o incluso trabajar los fines de semana como cualquier otra persona.
¿Existe alguna versión de ti que te costó mucho dejar ir?
Me costó muchísimo dejar ir la versión adolescente de mí misma que creía que el éxito absoluto era vivir en una ciudad enorme y trabajar presencialmente en un corporativo internacional para alguna marca de moda. Yo soñaba con verme como en El Diablo Viste a la Moda, caminando apresurada por la calle llena de bolsas para llegar a la oficina. Cuando empecé a viajar y a trabajar de forma remota, al principio me sentía como un fracaso porque mi realidad no encajaba con ese ideal juvenil, pero tuve que soltar esa idea preconcebida para darme cuenta de lo genuinamente feliz que soy ahora.
¿Tuvieron influencia las películas de los 2000 en esa idea de éxito que tenías? Totalmente, esas películas moldearon por completo mi forma de visualizarme como adulta y me vendían el sueño de la mujer de treinta años que vive y respira moda trabajando para una editorial. Yo tenía muy idealizado ese estilo de vida; en su momento quería ser como Charlotte o Carrie Bradshaw de Sex and the City, y todo eso influyó muchísimo en la manera en la que intenté guiar mi carrera. Hoy en día soy más realista y me identifico mucho más con Miranda, una mujer independiente y súper fiel a sus valores a la que no le importa lo que diga la sociedad.
¿En qué momento de tu vida consideras que te encuentras actualmente?
Justo ahora me encuentro tratando de hallar un equilibrio entre mis dos mundos; por un lado está mi estilo de vida libre, creativo, donde viajo, hago surf y practico yoga, y por el otro, está mi lado más formal y estructurado, donde tengo rutinas largas frente a la computadora. Estoy en un punto de aceptación donde entiendo que sí puedes tener todo lo que deseas, pero no necesariamente todo al mismo tiempo, así que trabajo en construir algo propio que sea sostenible a largo plazo sin perder la esencia de mi libertad.
¿Qué le dirías a las personas que quieren seguir tus pasos y hacer lo mismo que tú? Yo les diría que, sobre todo, no le tengan miedo a equivocarse o al fracaso, porque muchas veces de las caídas más grandes es de donde sacas el mayor valor para hacer que las cosas funcionen. Cuando estás muy cómodo en tu zona de confort rara vez te atreves a dar el salto, pero cuando la vida te pone en momentos difíciles, es cuando agarras la verdadera motivación para tomarte tus pasiones en serio. Atrévanse a tomar decisiones, porque vale muchísimo más arriesgarse por un trabajo que te haga feliz y pleno, que conformarte con algo "seguro" que no te llene en lo absoluto.
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