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“Más que la motivación, es la disciplina la que te mantiene avanzando” entrevista con Julieta Juanz psicóloga deportiva, mentora y speaker

  • Writer: Said Sanchez
    Said Sanchez
  • May 27
  • 7 min read

Updated: May 29


La psicóloga deportiva Julieta Juanz Roussell ha dedicado gran parte de su vida al deporte y al acompañamiento emocional de atletas. Nacida en Xalapa, vivió varios años en Guadalajara gracias a una beca académica en la Universidad de Guadalajara, etapa en la que continuó desarrollándose como atleta de alto rendimiento. Desde muy pequeña comenzó en el atletismo, disciplina que practicó durante más de quince años y que le permitió desarrollar valores como la resiliencia, la disciplina y la valentía. Actualmente trabaja ayudando a deportistas a fortalecer su mentalidad antes de las competencias, enfocándose no solamente en el rendimiento físico, sino también en el equilibrio emocional y la confianza personal.


La siguiente entrevista aborda la manera en que los atletas se preparan mentalmente antes de competir y cómo la motivación influye en su desempeño. A lo largo de la conversación, Julieta comparte experiencias de su etapa como atleta, los desafíos que enfrentó entrenando sola, la importancia de la disciplina y la forma en que hoy acompaña a otros deportistas desde la psicología deportiva para ayudarlos a controlar la presión y alcanzar su mejor versión.


¿Cómo recuerdas tu infancia y qué experiencias crees que marcaron tu carácter?

Mi rutina era estar en casa y no hacía más que estudiar la primaria, me llevaban a entrenar y de regreso a tu casa a jugar. Entonces creo que fue una infancia muy bonita, muy quieta. Creo que desde ahí aprendí mucho de disciplina, porque realmente toda mi vida estuvo basada entre la escuela y el entrenamiento. Era una rutina tranquila, pero muy enfocada y creo que eso me ayudó mucho a formar mi carácter y a tener constancia desde muy chica.


¿Qué valores aprendiste dentro de tu casa y en el deporte que hoy sigues aplicando en tu vida profesional?

Yo creo que la resiliencia, la valentía, el saber etiquetar las cosas de diferente manera, de quitarle la cultura de decir miedo, sino que literalmente es pasar al umbral de tu más alto nivel. Quitarle valor a las cosas, salirte de la caja y creo que el poder del amor y la pasión. El deporte te enseña muchísimo a confiar en ti, a entender que muchas veces el miedo solamente es una barrera mental y que cuando te atreves a atravesarlo descubres capacidades que ni siquiera sabías que tenías.


¿Cómo fueron en general esos años como deportista?

Tuve de todo. Tuve entrenadores al inicio que me enseñaron justo a divertirme entrenando, que es lo principal, si no, no hubiera durado tanto. Me enseñaron poquito a poquito hasta dónde podía saltar, pero siempre de una manera divertida, sin presión. Después ya empezó la parte competitiva donde empiezas a compararte con otras personas y a nivelarte. Desgraciadamente uno de mis entrenadores murió, pero él me dejó los cimientos para decir ‘sí se puede’, entregándote todos los días, cuidando tu cuerpo, cuidando tu cabeza, metiéndote solo a entrenar, estudiar y hacer las cosas bien hechas siempre. Si te tocaban veinte, eran veinte, y si podías hacer veintiuno, hacías veintiuno.


¿Cuál fue el mayor sacrificio que hiciste durante tu etapa deportiva?

Creo que entrenar sola. Entrenar sola, auto observándome, lesionada, sin tener fisiatra ni médico, sanarme yo solita como yo podía y seguir adelante aunque fuera lluvia, aunque los demás se reían de sus mismos equipos y convivían y yo llegaba y solita y terminaba y solita. Entonces creo que fue la época más cruda, la de mayor aprendizaje, pero fue la más difícil para mí. También aprendí muchísimo de autoobservación y de reconocer mi cuerpo. Yo puedo sentir, cerrando los ojos, cada parte de mi cuerpo porque me entrené yo sola para eso.


¿Hubo algún momento en el que pensaste rendirte como atleta?

Yo creo que cuando fue la universidad aquí en Veracruz. Una semana antes yo era favorita para medalla de oro y una semana antes me desgarré. Estaba entrenando justo para tomar altura al nivel del mar y en la última repetición se me desgarró el glúteo mayor con inserción del isquio. Entonces imagínate, yo sola, entrenando sola y justo para medalla. Mantienes becas, mantienes muchas cosas con eso y sí sientes que el mundo se te viene encima. Toda la semana buscando fisiatras, me infiltraron dos veces, me amarré la pierna como no te imaginas para poder competir y dije: ‘no me rajo y no me rajo’. Fue una competencia muy vivida y aún así gané por un centímetro, pero sí fue donde dije: ‘ya no más para mi cuerpo’.



¿Cómo cambió tu mentalidad después de dejar de competir?

Te vuelves más fuerte, te vuelves más seguro, te sientes completo, te sientes bueno como hombre, como mujer. Me sentía totalmente dotada de muchos valores, completa para tomar decisiones, no importa lo que costara, no importa el tiempo que te lleve, trabaja siempre por un reto si es que de verdad lo quieres. Yo creo que te da mucha seguridad dentro de tu cuerpo, seguridad de tu firmeza muscular, seguridad en que puedes hablar bajo la confianza de que lo que ya hiciste valió la pena. El reconocimiento de quien eres, de lo que sabes hacer y cómo puedes ayudar al otro para hacerlo. Entonces creo que me dejó una estabilidad emocional increíble y demasiadas vivencias para sentirme contenta.


¿Qué te motivó a convertirte en entrenadora y psicóloga deportiva?

Yo creo que desde que estaba en la universidad ya estaba trabajando en la parte mental de varios y trabajando en la parte metodológica neurocientífica de una universidad. Yo creo que ya traía el talento por ahí. Yo entrenaba a las seis de la mañana, iba a la escuela, iba a entrenar, trabajaba y luego otra vez a entrenar en la noche. Entonces todo el día era realmente demostrar que no hay quien diga que no se puede. Si quieres hacer las cosas sí hay forma, sí hay horario, sí hay tiempo y está la decisión de hacerlo. A partir de ahí empiezas a notar tus talentos y tus dones. Empecé a estudiar más y más de algo que aquí todavía no existía tanto y hacer tu propia metodología, que eso es lo más bonito.


¿Cómo construyes la confianza con las personas que entrenas actualmente?

Yo creo que cuando te ven con firmeza. Si me vieran dudando o si vieran que yo no lo he ejercido en mi vida o con mis hijos, creo que no haría un cambio en nadie. Nadie puede entrar a que le cambien la vida o a contarte tu vida si no confía en tu persona. Tienes que verte sano físicamente, emocionalmente, que cuadre tu vida en todas las facetas para guiar. Algo bien importante es que he vivido de todo. He sufrido mucho, me he caído, me he roto, he vivido como mamá, como esposa, como hija, como deportista. Entonces puedes entender al otro y saber que puedes hacer esto, esto y esto y no dejarte caer.


¿Hasta qué punto crees que el fracaso ayuda al crecimiento personal?

Muchísimo. La cuestión es enseñar que no es fracaso. El fracaso es el que te lleva a trabajar tus sombras y es el que te lleva a trabajar todo lo difícil que te hace emerger tus fortalezas. Cuando al fracaso le das la oportunidad de decirle maestro o aprendizaje cambia incluso la sensación de fracaso y lo ves justo como eso: algo que tenía que enseñarte algo para elevarte más arriba. Una competencia que no se gana duele, un reto en tu casa también duele, pero cuando tú lo miras desde el punto de vista de ‘¿qué me faltó aprender?’ o ‘¿qué me faltó hacer?’, entonces tus fortalezas suben. Creo que habría menos depresiones y menos retiros si aprendiéramos a ver el fracaso de otra manera.


¿Cómo ayudas a los atletas a prepararse mentalmente antes de competir?

Es perderle el foco a patrocinadores, a la entrenadora, incluso al título de la competencia, porque eso carga cortisol y te carga depresión y entonces el músculo no tiene libertad para moverse. Cuando tú les enseñas a que lo hagan con pasión, aquello que entrenaron ya está en el cuerpo y solamente hay que ponerle dirección y foco a la palabra que están diciendo, a la sensación que quieren evocar y al tipo de respiración que te va a llevar a que tu cuerpo esté en la línea perfecta de pensamiento, emoción y acción para ejecutarlo ya sin pensar. Porque el cuerpo es el primero que siente y el primero que reacciona.


¿Cuál consideras que es la clave para motivar a un atleta?

Literal no es la motivación, sino la disciplina, porque la motivación se pierde en un segundo. La motivación es como cuando quieres un chocolate, lo consigues y se acabó la emoción. En cambio la disciplina es saber que cada ciclo de vida tiene un reto y que conseguir esos retos es lo que te mantiene al día. Cuando tú tienes un reto anual, de cinco años o de tres meses, entonces dices: ‘¿qué necesito hacer diario para llegar ahí?’ y empiezas a bajar el escalón por semana y por día. Eso es lo que realmente mantiene la felicidad y el crecimiento.


¿Crees que el éxito depende más del talento o de la disciplina?

Yo creo que de los dos, pero más la disciplina. Porque puede haber gente con muchísimo talento y perderlo porque no se siente capaz o porque nadie le dijo que podía hacerlo. Pero la disciplina te lleva a ejercer acciones todos los días y entonces te vuelves experto. El cuerpo tiene facilidad para hacer grandes cosas donde tú le metas atención y la intención de querer hacerlo. Cuando juntas talento y disciplina haces cosas universales.


¿Qué opinas de los entrenadores que exigen demasiado desde edades tempranas?

Cuando es extrema se hace daño porque tienes que estar acorde a la edad que estás entrenando. Desde pequeñitos tiene que ser diversión, habilidad, que el niño se sienta exitoso siempre y no compararlo. Hay mucha exigencia y depresión en juveniles porque tienen que ganar a fuerza. Por eso hay muchos retiros y muchas lesiones antes de llegar al alto rendimiento. Imagínate cargar presión desde diez años antes, no hay quien la aguante.


¿Cómo consideras que las redes sociales afectan a los atletas?

Ambas, ayuda y afecta. Ayuda porque están viendo técnicas, están viendo cómo vive un deportista de alto nivel y eso entusiasma. Pero cuando ya viene la comparación y empiezan a decir ‘él ya corrió más rápido y yo no’, ‘él está más fuerte y yo no’, ahí empieza la mala sensación. Llegan a la competencia pensando que la foto es real y ya se están diciendo que no pueden. Entonces a veces ayuda y a veces no tanto.


¿Qué mensaje te gustaría dejarle a los jóvenes deportistas?

Que se diviertan. Que disfruten lo que hacen porque muchas veces se enfocan demasiado en ganar o en la presión y se olvidan de disfrutar el deporte. Cuando haces las cosas con pasión y felicidad el cuerpo responde diferente. El deporte debe ayudarte a sentirte fuerte, seguro, feliz y capaz de lograr cosas, no solamente a ganar medallas.


 
 
 

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