“La letra con cine entra”, entrevista con: Felipe Sahidt Ortega Ibarra, médico cirujano y gestor cultural.
- Alyson Mora

- May 28
- 8 min read

La sensibilidad por las historias humanas, el compromiso con su comunidad y la pasión por el arte han marcado el camino de Felipe Sahidt Ortega Ibarra, médico cirujano y gestor cultural xalapeño que ha encontrado en el cine una forma de generar encuentros y fomentar la inclusión. A lo largo de su trayectoria, ha combinado su vocación por la medicina con un profundo interés por la cultura, entendiendo que ambas disciplinas tienen la capacidad de transformar vidas. Su trabajo se caracteriza por crear espacios donde el diálogo, la empatía y la diversidad tienen un lugar importante.
En la siguiente entrevista el doctor nos platica acerca de cómo fue su infancia, qué personas fueron fundamentales para su desarrollo personal, los fracasos que ha enfrentado, cómo fue que se involucró con su proyecto “Red Xalapeña de Cine Clubes”, qué historias le interesan compartir a través del cine, cómo fue que se interesó por la medicina, cómo vivió su etapa universitaria, qué fue lo más difícil de estudiar medicina, qué consejos le daría a su yo joven y que lo motiva a seguir trabajando a pesar de todas las dificultades que se presentan en el día a día.
¿Cuál es uno de los recuerdos más felices que tienes de tu infancia?
Crecí en un pueblo llamado Ciudad Cerdán, cerca de Tehuacán. Mi papá trabajaba en un banco y durante un tiempo tuvo que viajar constantemente a Puebla por cuestiones de trabajo, así que se iba toda la semana y regresaba los viernes. Para mí, ese día era muy especial, porque además de volver a verlo, siempre llegaba con botanas y una película nueva para mis hermanos y para mí. Recuerdo que crecí viendo muchísimas películas infantiles y que llegó un momento en el que ya habíamos visto casi todas, así que mi papá empezaba a traer secuelas o películas menos conocidas. Esos fines de semana se volvieron una tradición muy importante en mi infancia y creo que ahí nació gran parte de mi gusto por el cine, por las historias y por la experiencia de compartir películas con otras personas.
¿Qué personas fueron fundamentales en tu formación personal?
Mis padres fueron una parte fundamental en mi formación. Mi mamá, que era maestra, me enseñó a expresarme, a leer y a relacionarme con las personas, mientras que mi papá, que era contador, me inculcó el interés por los números y las ciencias exactas. Más adelante, durante mi formación como médico, el doctor Alejandro Cuervo despertó en mí un gran amor por la medicina y me enseñó la importancia de escuchar y comprender a las personas. También, cuando estaba en la preparatoria, conocí a un joven que estudiaba publicidad y que organizó funciones de cine en el pueblo durante la feria, ya que ahí no existía un cine. Él invitó a los estudiantes a asistir a varias proyecciones y gracias a esa experiencia despertó en mí el interés por compartir películas y organizar funciones cinematográficas.
¿Qué enseñanzas de tu familia sigues llevando contigo hasta hoy?
Recuerdo mucho una enseñanza de mi papá cuando era niño, cuando me llevó a jugar futbol porque había una escuela de fuerzas básicas y un día no quería ir porque me daba flojera, pero él me recordó que había hecho un compromiso con él, con mi mamá y con mis amigos, y que debía cumplirlo, enseñándome así la importancia de la palabra y de respetar los acuerdos. De mi mamá aprendí sobre todo el orden, a entender que no basta con decir que sí a todo, sino que es necesario organizarse para poder cumplir con las responsabilidades. Estas dos enseñanzas, el compromiso y el orden, han sido fundamentales en mi vida y también las he llevado a la organización de actividades de exhibición cinematográfica.
¿Qué inseguridades o dudas tenías cuando eras joven?
Durante mi adolescencia tuve muchas dudas sobre qué quería ser en el futuro; aunque me iba bien en la escuela, no me veía siendo maestro como mi mamá ni contador como mi papá, lo que me generaba incertidumbre sobre qué estudiar. Finalmente me incliné por la medicina, en parte por presión social, pero también por experiencias que ampliaron mi perspectiva, como cuando competí en un concurso de matemáticas a nivel regional y llegué al estatal en la UDLAP en Puebla. Esa visita me marcó, porque me mostró un mundo completamente distinto al que conocía: instalaciones enormes, espacios como un lago, canchas y hasta un cine dentro del campus. Ahí entendí que, aunque venía de un lugar pequeño, había muchas más cosas por descubrir, lo que despertó en mí el deseo de conocer más del mundo y abrir mi visión a nuevas posibilidades.
¿Recuerdas alguna película, libro o experiencia que te haya impactado profundamente?
Primero quiero mencionar "Cinema Paradiso", que es mi película favorita sobre todo porque es cine dentro del cine; gracias a ella entendí que había mucho más por descubrir y empecé a buscar otras películas que aparecen o se relacionan con el cine, lo que me llevó a conocer la historia del cine, el cine italiano, y a directores como Chaplin. En cuanto a la lectura, aunque mi mamá era maestra, en casa casi no había literatura, sino enciclopedias, así que mi primer libro por gusto fue "El código Da Vinci", que descubrí por la hermana de unos amigos y como me gustaba, lo terminé comprando en una venta de libros; a partir de ahí me enganché y después empecé a leer obras como ·Cien años de soledad" y "El laberinto de la soledad", lo que cambió mi manera de ver el mundo y me motivó a seguir leyendo.
¿Ha habido algún fracaso que con el tiempo hayas aprendido a agradecer?
Uno de los momentos que más recuerdo como un fracaso en mi trayectoria fue cuando coordiné en Xalapa la “Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género”, un festival que organicé junto con dos amigas. Quisimos hacer algo muy ambicioso, con 42 funciones en 7 días entre Xalapa y Coatepec, esperando alrededor de 5 mil asistentes, pero al final llegaron cerca de 2 mil personas. En ese momento lo viví como un fracaso y pensé que no era bueno para la gestión cultural, pero después entendí que era una primera edición con muchos retos y que no podía compararlo con festivales ya consolidados. Con el tiempo, esa experiencia terminó siendo un aprendizaje importante que me ayudó a crecer en la organización de proyectos culturales.
Sé que eres fundador y propietario de la Red Xalapeña de Cine Clubes ¿Cómo comenzaste a involucrarte en proyectos relacionados con el cine?
A partir del festival Mi Género tuve la oportunidad de trabajar a nivel nacional en el área llamada “100 horas de activismo”, donde se invitaba a especialistas y activistas a dialogar sobre las películas y las problemáticas de género que abordaban. Durante ese tiempo viajé constantemente a Ciudad de México y conocí distintos espacios culturales dedicados al cine, lo que me hizo cuestionarme por qué ese tipo de proyectos no llegaban a Xalapa. Gracias a esos vínculos, comencé a acercar películas con derechos de exhibición a distintos cineclubes de la ciudad, promoviendo también un cine diferente y menos comercial. Así fue como nació desde hace casi nueve años, un proyecto que con el tiempo ha seguido creciendo y fortaleciéndose.

¿Qué significa el cine para ti más allá del entretenimiento?
Para mí el cine representa una pasión, algo que siempre ha estado presente en mi vida desde la infancia. Hay una frase de la película “El secreto de sus ojos” que dice que uno puede cambiar muchas cosas en la vida, menos una pasión, y creo que eso define muy bien mi relación con el cine. Ver películas se convirtió en un ritual importante para mí; incluso cada cumpleaños veo “Cinema Paradiso” porque es una película que me hace sentir bien. Además, entiendo el cine como una herramienta para aprender, reflexionar y hablar de temas difíciles, por eso también tiene un gran componente social y educativo. Al final, el cine se volvió una parte fundamental de quién soy.
También estoy enterada de que presentas películas o documentales en el Ágora de la Ciudad ¿Qué tipo de historias o temas te interesa compartir con el público?
Nuestro trabajo de exhibición se divide principalmente en tres partes. La primera es proyectar cine de distintos países y culturas, como cine africano, francés o noruego, para que las personas puedan conocer otras formas de ver el mundo a través del cine. La segunda es una sección llamada “Nuevas perspectivas”, enfocada en estrenos de cine mexicano, ya que considero que muchas veces este cine no recibe la difusión que merece. Finalmente, también buscamos apoyar a grupos vulnerables mediante funciones adaptadas para personas con discapacidad visual y auditiva, dentro de un proyecto llamado “Cine para imaginar”. Todo esto forma parte de un esfuerzo más amplio de exhibición cinematográfica en Xalapa, donde distintos espacios trabajan con perfiles y objetivos diferentes.
También sé que eres Doctor egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad Veracruzana ¿Qué te llevó a estudiar medicina y cómo nació esa vocación por el cuidado de los demás?
Al momento de elegir una carrera, sentí mucha presión social y familiar, porque cada vez que mencionaba opciones como comunicación o psicología, la respuesta era siempre “¿y de qué vas a vivir?”. Finalmente terminé inclinándome por la medicina, en parte porque desde pequeño mis papás decían que quería ser médico y también porque representaba un reto personal. En la preparatoria tenía muy buenas calificaciones y un perfil que me permitía entrar a distintas carreras, así que decidí probarme a mí mismo estudiando medicina. Aunque logré terminar la carrera y actualmente la ejerzo, con el tiempo descubrí que la gestión cultural y el cine son las actividades que realmente más me apasionan.
¿Cómo fue para ti vivir la etapa universitaria dentro del área de la salud?
Fue una experiencia muy padre e importante para mí, porque ni siquiera conocía Xalapa cuando hice el examen para entrar a medicina. Sentí que llegaba a un lugar lleno de cultura y posibilidades; aunque estudiaba mucho, en mis tiempos libres iba a la sinfónica, al teatro, al cine o a cualquier actividad cultural que encontraba. A mitad de la carrera empecé a acercarme más a los cineclubes locales y ahí conocí personas de distintas facultades y disciplinas, además de participar como voluntario en Ambulante. Esa etapa universitaria me marcó mucho, porque además de estudiar, pude descubrir el mundo a través de la cultura y el cine.
¿Qué consideras que fue lo más difícil de estudiar medicina?
Al principio no entendía realmente la responsabilidad que implicaba estudiar medicina; pensaba que todo era aprender para sacar buenas calificaciones, hasta que un familiar médico me hizo ver que todo lo que estudiábamos algún día lo tendríamos que aplicar con pacientes reales. Ahí comprendí que cada clase y cada tema podían ser importantes para salvar una vida, y eso me hizo tomar la carrera con mucha más seriedad. Con el tiempo también entendí la enorme presión que existe en la medicina, porque un error puede afectar directamente a otra persona, e incluso hay una responsabilidad legal detrás del trabajo médico. Esa fue una de las cosas que más me impactó durante mi formación.
Si pudieras hablar con tu versión más joven, ¿Qué consejo le darías?
Si pudiera darle un consejo a mi yo más joven, sería que aprovechara más el tiempo con su familia. Muchas veces uno piensa que las personas siempre van a estar ahí y no valora realmente esos momentos cotidianos. Con el tiempo entendí eso, sobre todo después de la muerte de mi papá y de que casi no veo a mis hermanos porque están lejos. Ahora veo que muchas veces preferí otras cosas sin darme cuenta de lo importante que era simplemente compartir tiempo con ellos, y ya de adulto uno termina preguntándose por qué no aprovechó más esos momentos.
¿Qué te motiva a seguir trabajando pese a las dificultades?
Actualmente cada vez me dedico más a la gestión cultural y menos a la medicina, incluso he logrado generar proyectos culturales que reciben apoyos y me permiten tener una fuente de ingresos. Aun así, de la medicina sigo valorando mucho la satisfacción de ayudar a las personas, aunque también me frustra que muchas veces los pacientes llegan cuando los problemas ya pudieron haberse evitado. Por otro lado, la gestión cultural y el cine me motivan porque constantemente me permiten aprender y conocer nuevas realidades. Cada película representa una oportunidad para entender otras perspectivas del mundo y reflexionar sobre problemáticas sociales que muchas veces desconocemos.
¿Qué metas personales o profesionales todavía sueñas cumplir?
Uno de mis principales objetivos a futuro es que la asociación civil que formé pueda convertirse en una donataria, ya que eso permitiría acceder a apoyos más grandes y fortalecer los proyectos culturales que realizamos. Además, en lo personal, me gustaría crear un festival de cine relacionado con la salud, porque sería una forma de unir mis dos grandes pasiones: la medicina y el cine. Aunque es un proyecto complejo y costoso, es una meta que espero poder realizar algún día.
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